Resulta difícil de explicar. No sé si es algo que tú también estás sufriendo, pero es más común de lo que creerías. Incluso más de lo que debería ser. Solemos posponer nuestros sueños etiquetándolos como «metas de algún día». Sabes que es algo que tienes que hacer, aunque la llamada de tu vocación no sea tan dramática como la revelación de una película de Hollywood. Sin embargo, lo acabas posponiendo, paralizado por el miedo a asumir las consecuencias de alcanzar esa meta.
Esta ansiedad genera una parálisis por análisis difícil de superar. Las excusas emergen constantemente: son la voz de tus miedos. Aparecen falsas creencias: que no tienes tiempo suficiente, ni los conocimientos, ni la experiencia. Nada más lejos de la realidad. No hay nada imposible. Si crees que tu tiempo es escaso, puedes liberarlo eliminando ocupaciones menos importantes. Si te falta conocimiento, lo tienes a tu alcance aunque no lo creas. Y si es experiencia, ¿a qué esperas para comenzar a vivirla?
Martin Luther King dijo que «no es necesario tener una visión completa del camino a seguir, sino que lo crucial es dar el siguiente paso». Ese primer paso no es tan grande como piensas. Seguro que estás pensando que tú no tienes elección. ¡Siempre tienes opciones y la capacidad de decidir! Seguramente tus elecciones tendrán consecuencias. Es así, por mucho que te convenzas de lo contrario.
En realidad, para avanzar hacia ese gran sueño, tienes tres «grandes opciones»:
- «Quemar los barcos», como Mr. Beast dijo recientemente en una entrevista en YouTube. Supone eliminar cualquier vía de escape. Jugar al todo o nada. Es arriesgado y peligroso, pero sorprendentemente es una vía muy eficiente.
- Encontrar el justo medio estoico entre cobardía y temeridad. Ese coraje que te permita mantener un mínimo de responsabilidad y hacer lo que debes a pesar del miedo. Por supuesto, es un camino más elaborado y considerablemente más lento. El peligro es que ese ritmo más humano te acabe deteniendo. Es el «voy lento, pero voy» que tanta gracia le hace a mi mujer cuando lo utilizo, frecuentemente, en nuestras conversaciones.
- Seguir como estás y no hacer nada. La elección más común, desafortunadamente.
Ninguno de los caminos es fácil, ni siquiera el tercero. Nadie dijo que lo fuera. Si alguna vez lo escuchaste, seguramente fue porque un «vendehumos» te hablaba. Hay muchos más de los que imaginas. Ambas opciones pueden traer consigo la decepción de otros, conversaciones difíciles y sentimientos de confusión.
Pero hay valores y principios que superan estos obstáculos. En mi caso:
- La diferencia entre lo bueno y lo excelente está en las pequeñas cosas. Son esos pequeños detalles. Quizá tu compañero, socio, jefe (e incluso tu cliente) no lo aprecie ni valore, pero no tengo duda de que es la verdadera diferencia.
- Ningún número puede hacerte sentir realizado. Quizá creas que cuando logres ganar esa cifra que soñaste, desaparecerán tus dudas, estrés e incertidumbre. No es así.
- Rodéate de personas y enséñales lo que haces y cómo lo haces. Serán tus clones. Hace tiempo, las empresas jugaban al ocultismo. Los empleados y directivos se guardaban su conocimiento por miedo a dejar de ser imprescindibles. Tu valor no está en el ocultismo. Evita los silos de información.
- Bloquea el ruido. Es molesto. Si recibes mucha negatividad, posiblemente es porque no estás rodeado de las personas adecuadas. ¿Comparten tus valores, compromisos y ambiciones?
- Hazlo con pasión y con propósito. Estar alineado con una causa más grande (y noble) te ayudará a superar los días de mierda.
- Sé disciplinado y persistente (hasta obsesivo). Haz que tu virtud sea continuar cuando otros abandonan.
- Nunca dejes de aprender. Entiéndeme: no se trata únicamente de leer libros, ver vídeos, hacer cursos o escuchar pódcast. El avance llega cuando te ensucias las manos y aplicas de verdad lo aprendido. Haz que cada lección pase por el filtro de la práctica real. Algunas nuevas sobrevivirán; otras, tendrás que descartarlas.
Si has leído alguno de mis últimos artículos, entenderás que cada día me inspira más esa filosofía «slow» y estoica. Bien aplicada, puede impulsar una vida más plena en cada uno de tus roles.
Ayer, conversando con una de las personas a las que más quiero y aprecio en este mundo, me recordaba algo que muy pocos llegan a entender: «la mayoría de aspectos que hoy creemos reales son tan solo invenciones que existen porque muchas personas se lo creen».
¿Existen realmente las empresas, la sociedad, tu país… o simplemente son personas unidas con un propósito?